Pues eso; que hasta aquí hemos llegado: ayer ha sido mi último día por este año en la facultad de Lund. Tras la “catástrofe” de la semana pasada y el resarcimiento del sábado ésta me la he pasado muy relajado, acabando cosas menores en el laboratorio y procesando datos con el ordenador. Preparando la exposición del DEA para el Congreso Ibérico de Ornitología también, que toca ir para Portugal al día siguiente de volver a Madrid. Ayer mismo les expuse la “nueva” charla en el seminario semanal de grupo; la verdad es que se disfruta un montón viendo cómo la gente pone interés en lo que le cuentas, y además me hicieron muchas sugerencias sobre cómo mejorarla y sobre cómo continuar también el trabajo con estos bichos tan entretenidos. Después tuvimos un glögg de despedida, con abundancia de tartas y demás dulces que todavía estoy acabando de digerir; como era de esperar, la receta de la tarta de queso de Sofía tuvo un éxito sin parangón. Todavía después nos fuimos algunos a cenar downtown... Y ya hasta el año que viene. Seguramente vuelva pronto después de Navidad; una semana o así, sólo para (tras poner a punto con calma el protocolo en Madrid) acabar los análisis que me quedan. ¿Y después, otra estancia larga? Sabe Dios; por mí preferiría un lugar más mediterráneo, pero ya se verá... De momento, y hasta que embarquemos el próximo miércoles, toca quemar rueda pajareando por Escania adelante. Javi llega hoy a media tarde, y tenemos apenas 4 días para localizar una lista deliciosamente interminable de objetivos; algunos más fáciles que otros. Os emplazo pues en las próximas jornadas a que sigáis el desarrollo del SBT (Scania Birding Tour)...
Los británicos son un pueblo con una arraigada sensibilidad por la naturaleza, aunque no siempre se manifieste ésta del modo más correcto. Una de las cosas que les caracteriza es la pasión por mantener aves decorativas en casas y parques; y si bien esta es la causa de muchas introducciones desastrosas de fauna a lo largo y ancho de la Commonwealth, también es cierto que lo que ganaron de experiencia han sabido aplicarlo a la conservación de otras muchas especies amenazadas. Conservación que, movida por ese afán avicultor, muchas veces se ha plasmado en proyectos de cría en cautividad, y son legión los naturalistas británicos medrados al amparo de la Durrell Wildlife Conservation Trust o la Wildfowl & Wetlands Trust. Aunque en muchas ocasiones los proyectos de conservación ex situ son de utilidad más que discutible, en otras son la última salida y, aunque sea triste, no queda más remedio que capturar los pocos ejemplares que quedan confiando en poder criarlos en cautividad y liberarlos cuando vengan tiempos mejores. Especies como el nené Branta sandvicensis, el takahe Porphyrio hochstetteri o la paloma rosada Nesoenas mayeri se han salvado así instantes antes del punto de no retorno... Y para el porrón malgacheAythya innotata, especie que se creía extinta redescubierta en 2006, ha llegado también ese momento de la última intervención a la desesperada: En este blog podéis leer las aventuras del equipo de la WWT desplazado a Madagascar, en una carrera contrarreloj por evitar la extinción definitiva de la especie.
Una cosa que me ha llamado la atención de esta gente es el poco cuidado que pone a la hora de limpiar y fregar. Podréis argüir que la “muestra” de que me rodeo, estudiantes, es famosa por este tipo de detalles; pero no sería menos cierto que en casa se nota (y mucho) si algo que está puesto a secar ha pasado antes por manos de los dos suecos o no. Y diréis lo que sea, pero un vaso con más huellas dactilares que una ficha policial para mí no es un vaso limpio... En la Facultad, tres cuartos de lo mismo. No sé si por ser todos de doctorando para arriba hasta catedrático debería esperarme que estuviesen las cosas mejor o si peor por ser todos del gremio biológico; la verdad es que el comedor común, donde como todo es de todos no es de nadie, da bastante pena: El fregadero está siempre atascado por restos de comida (¿tan difícil es vaciar el plato en el cubo antes de fregarlo?), y lo peor es que a nadie parece ni importarle ni extrañarle. Los trapos de secar sería difícil decir de qué color fueron el día de su compra, y coger una taza de lo más alto del armario no es garantía de que no esté tan sucia como cualquiera de las que fermenta en la pila.
Buena parte de culpa la tiene el sujeto de la foto de arriba: un cepillo, que es lo que la gente suele usar aquí para fregar, en vez de los eficientes estropajos. Y como además lo usan con una patente desgana... Pues qué le vas a pedir. En fin; ocho días para volver a un ambiente mucho más salubre...
Una de las muchas cosas que me gusta de BirdLife International (de la que formo parte a través de la SEO, su representante en España) es que realmente se toma en serio su lema de Together for birds and people (en español, arriba en la camiseta que me cayó por mi cumpleaños). Sus distintas campañas podrán ser más o menos acertadas y tener más o menos éxito, pero si por algo se caracterizan es por buscar la colaboración en vez de la confrontación; y que la gente a la que ha tocado vivir junto a una especie o ecosistema especialmente interesante se sienta orgullosa de ello y se beneficie en la medida de lo posible. De ahí nacen colaboraciones conjuntas con empresas o gente como sociedades de cazadores que siempre han despertado las críticas de los “más ecologistas”; pero si dan buenos frutos pues bienvenidas sean. Me gusta además que se hagan las cosas con cabeza y no por arrebatos; de hecho la idea de escribir esta entrada surgió al leer la bien argumentada crítica al proyecto de Ley del Catálogo Canario de Especies Protegidas.
Pese a todo, para unos seguiremos siendo unos vendidos. Para otros, unos señoritos de ciudad que sólo pisan el campo los fines de semana como quien va al parque. Para otros más ecolojetas apesebrados que únicamente miran por mantener sus subvenciones... Debería soltar ahora algún viejo refrán castellano que seguro vendría al caso, pero como no me viene ninguno a la memoria, dejémoslo en un ”hazte socio y descúbrelo por ti mismo”.
Si yo fuese un personaje de una sitcom americana, digamos que una mujer insegura en su treintena larga de años y adicta a las compras y a las relaciones inestables, pagaría los desencantos que me da el laboratorio con el helado de la nevera... Pero como no lo soy, pues me he ido de pajareo. Y con unos resultados de pasarse el resto del día dando gracias a Dios...
Decidí volver a Lomma. No porque fuese más barato que otras opciones (no sabía de antemano que el cacharrito de pagar del autobús iba a estar estropeado), sino porque a través de la página de rarezas sueca tenía constancia de que un primer invierno de lavandera cetrinaMotacilla citreola llevaba días aquerenciado en la playa; y no era cuestión de dejar pasar la oportunidad de tachar algo tan goloso. La verdad hubiera preferido que el bicho en cuestión fuese un macho adulto, pues los primeros inviernos pueden ser engañosamente similares a una lavandera blanca y no las tenía todas conmigo a la hora de identificarlo... Sin embargo, fue llegar y besar el santo; desde luego el hecho de que fuese la única lavandera de toda la playa y de que hubiese cinco tíos a su lado sacándole fotos ayudaba en la identificación... Fotos como éstas, de las que hay ya para aburrir, pues la lavandera (como se ve abajo) se mostraba de todo menos esquiva.
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Pero además el día ha estado genial en cuanto a bichos, ya que si bien no había mucha variedad, sí abundaban las especies que he visto muy pocas veces: El cielo era un ir y venir constante de bandadas de gansos (ánsares comunes y barnaclas canadienses sobre todo, peor también ánsares caretos y barnaclas cariblancas), y los distintos patos se dejaron ver bastante bien.
Patos como esta hembra de porrón bastardoAythya marila, difuminada junto con otros de su especie (incluido un macho adulto, primero que veo) entre cientos de porrones moñudos A. fuligula. Rizando el rizo de las observaciones de especies escasas, sobre el estanque donde reposaban sin inmutarse los patos de arriba pasaba una y otra vez a deliciosa baja altura un macho de busardo calzadoButeo lagopus "igual que el de la Svensson", y que "se cernía con frecuencia", exactamente igual que dice la Svensson (madre mía; si al final va a resultar que los pájaros sí se leen las guías y todo).
Para ser perfecto al día le faltaron más pajaritos pequeños, ya que salvo por la citreola apenas sí se veía movimiento de algo menor que una paloma. Sin embargo, ya cuando me iba hizo acto de presencia un grupete bien majo de piquituertos en migración, que tras ser concienzudamente examinados resultaron ser todos piquituertos comunesLoxia curvirostra (arriba, un macho). Lástima, porque también está habiendo estos días bastante movimiento por Escania de piquituerto lorito L. pytyopsittacus, e incluso algún franjeado L. leucoptera que otro...
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Y como mi cámara hace muy buenas fotos si uno se toma la molestia de seleccionar los parámetros adecuados, pero permite hasta al más tonto hacer vídeos medianamente decentes; pues basta ya de fotos y vamos con los vídeos. Primero uno (lo siento por los blancos quemados) de la estrella del día:
Vamos con otro de serretas medianasMergus serrator; dos machos y una hembra. Qué ganas le tenía a los machos, por cierto; ¡qué bichos más bonitos!
Y ya para acabar uno de un espectacular macho de porrón osculadoBucephala clangula, con algunas hembras moviéndose alrededor.
En la Viña del Señor hay algunas personas que destacan por su inteligencia. De entre ellas, algunas son especialmente brillantes. Y todavía, entre los integrantes de este ya minúsculo grupo, descuellan los genios. Y un genio, con todas las letras, ha tenido que ser la persona capaz de discurrir semejantes genialidades con moscas muertas. Algunas fotos como la de arriba me llegaron ayer al correo electrónico, e indagando a través de Google descubrí enseguida la identidad de su autor: Señores, ante ustedes el genio de Magnus Muhr. Sueco tenía que ser...
Para no extenderme demasiado en esta entrada y aburrir a los que no os interese tanto el tema; decir sin más que en la imagen de arriba deberían haber aparecido muchas menos rayitas negras. Mis tres meses en Lund han sido una especie de carrera contrarreloj en los que mi estado de ánimo alternaba entre el “buffff... No acabo con todo ni de broma” y el “esto marcha; ¡al final me va a sobrar tiempo y todo!” según los días (o las horas). Y ahora, a una semana de que llegue Javi y dé por concluida mi estancia en esta facultad compruebo que efectivamente me va a sobrar tiempo, aunque no por el motivo que querría... Aunque bueno, quejar no me quejo mucho, porque resultados tengo para aburrir (¿literalmente? Espero que no...). En dos meses y medio he procesado y analizado la prevalencia y diversidad de infecciones parasitarias de 723 muestras, que no está tan mal (hacer lo mismo con 100 muestras menos me llevó cerca de un año en España, aunque creo que la única diferencia real está en la cantidad de distracciones...). Sin embargo me voy a quedar con las ganas de analizar también la intensidad de esas infecciones, que no lo puedo hacer en Madrid y en realidad era el objetivo último a realizar durante la estancia; y todo porque hay demasiadas rayitas y no queda tiempo para hacer que haya menos... En fin, escribiré a mi director y ya se nos ocurrirá algo; probablemente volver después de Navidad (y después de las nieves perpetuas, espero) una semana o así en plan intensivo una vez hayamos conseguido con más calma en Madrid disminuir el número de rayitas.
Ahora, eso sí: qué bonitos lucen los geles con el nuevo método... :-)